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Entretejiendo la cultura de la esperanza

11-18-2015

Entretejiendo la cultura de la esperanza

Entretejiendo la cultura de la esperanza
Primer Festival Cultural de música tradicional "Cuexcomate"

Por Raúl Silva

Cuexcomate, el nombre del primer Festival Cultural de Música Tradicional organizado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), es un mensaje preciso. No es casual la elección de este nombre: el cuexcomate es un elemento de la cultura Mesoamericana donde se conservaban las semillas, pero también es un símbolo de la reproducción de la vida mediante el consumo del grano de maíz, asociado con las deidades de la naturaleza. Cuando el rector de la UAEM, Alejandro Vera, hizo la presentación ante los medios, se refirió a la pertinencia de realizar acciones culturales que convoquen a un verdadero sentido comunitario: “De frente a esta barbarie neoliberal, el preservar, diseminar, difundir, fomentar y recrear las culturas, identidades e imaginarios colectivos, de las que de una manera u otra todos somos partícipes solidarios, es una tarea ineludible para los universitarios y para quienes desde sus trincheras comunitarias han hecho de su propia consciencia una fortaleza”.

Durante los días 13, 14 y 15 de noviembre, el Centro Cultural Universitario Los Belenes fue escenario de un encuentro donde músicos, investigadores, el cine, la artesanía y la gastronomía de diversas regiones del país, ofrecieron diversas propuestas culturales que seguramente ayudaran a conservar, como el cuexcomate lo hace con el maíz, las semillas que conviertan a las acciones comunitarias en un valor pleno y permanente.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, así como la Comisión de Cultura de la anterior legislatura de la Cámara de Diputados Federal, contribuyeron a la realización de esta fiesta cultural, coordinada por el Patronato de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

Este Primer Festival Cultural de Música Tradicional Cuexcomate fue también ocasión para que la radio universitaria, Radio UAEM, y el Instituto Morelense de Radio y Televisión, unieran esfuerzos en la transmisión, haciendo posible la primera señal en cadena estatal de la radio pública morelenses.

Primer día
La música de la Marimba Nuxbal, el calor de la madera y la tradición marcaron el inició del primer Festival Cultural de Música Tradicional "Cuexcomate", el viernes 13 de noviembre, en el Centro Cultural Universitario Los Belenes.

"Gozo festivo y reflexión activa". Así describió el rector de la Universidad Autónoma de Morelos, Alejandro Vera, al inaugurar esta celebración a la música y la tradición. "Entretejer la cultura de la esperanza" fueron otras palabras que usó el rector para hablar de un evento que, sobre todo, busca manifestarse como un territorio posible para la paz.

En su primer día de actividades, el festival "Cuexcomate" contó con un invitado muy especial, en quien se expresa plenamente la raíz profunda de la tradición: Don Ciro Rivera Concha, nacido en Alpuyeca en 1927, quien aprendió el arte de la música sin intermediarios, directamente como un atributo que le otorgó "el que está arriba". Don Ciro y su violín participaron con su música como parte del conversatorio "La música tradicional de Morelos", donde la palabra y el conocimiento de Elsa Castorela, Norma Zamarrón y Agur Arredondo nos llevaron por esos caminos que van tejiendo comunidad y expresan los sentires de nuestros pueblos.

Luego del conversatorio comenzaron los conciertos, con Francisco Ocampo y Daniel H. Hernández, dos jóvenes morelenses que han encontrado en la trova suriana una manera de conversar con el pasado, acercándolo a este presente, en una apuesta por mantener viva la memoria del corrido de estas tierras zapatistas. Una de sus interpretaciones, creación de Moises Nájera, dejó sentir esa plenitud de la poesía que forma parte de la trova suriana: "Ven y recuesta tus labios en mis sueños, dame a probar tu voz nube, madura".

Ese calor memorioso que dejaron Francisco Ocampo y Daniel H. Hernández en el escenario, fue terreno fértil para la participación de Neoplen, un grupo que está buscando crear su propia tradición. La jarana y el bajo, la guitarra y la batería, el canto y el cajón, entretejidos con historias del presente.

El canto de Leticia Servín y el violín de Keith White, "Kino", fueron maneras en que la tradición continuó manifestándose. Los versos de Sor Juana Inés de la Cruz irradiaron su poder con La fiera borrasca: "Por que me llevas el alma, dejándome el sentimiento..." En realidad, alma y sentimiento alumbraron el espíritu de quienes llegaron a Los Belenes.

La aparición de Ampersan en el escenario fue el principio de una ofrenda sonora, donde el canto de Zindu Cano convocó a un encuentro de la tradición ancestral con el presente, en una convivencia que propone crear nuevas tradiciones. La música y el arte que se buscan a si mismos.

En su parte musical, el cierre de este primer día de ""Cuexcomate" fue espectacular con el rock tzotzil de Vayijel (animal guardián, en su lengua indígena), desde las profundidades chiapanecas del sur de México. La cosmovisión indígena de los tzotsiles y el rock metalero, pero también del rock clásico, con una fuerza y una energía que ofreció plenamente ese encuentro de los tiempos en un solo tiempo.

La participación de la Escuela de Danza, teatro y Música de la UAEM, con la "Danza del maíz"; la venta de artesanías y la muestra de comida tradicional fueron parte de esta jornada inicial del primer Festival Cultural de Música Tradicional "Cuexcomate", donde la tradición, la memoria y la búsqueda de territorios de paz dejaron vivas sus resonancias.

Segunda jornada
La segunda jornada del Festival Cultural de Música Tradicional “Cuexcomate” fue el encuentro del son huasteco, la música hindú, el folclor latinoamericano y el son jarocho en su más amplia expresión, de lo más profundo de sus orígenes hasta su conversión con el encuentro de tradiciones contemporáneas: Nostalgia Huasteca, Bolé, Los Padrinos, Sonex, Los Cojolites, Pata de vaca, Flor de Uvero y Jarocho Barrio. Fue también un día emotivo, con el homenaje a un hombre que cambió su profesión de científico por su amor hacia la música, convirtiéndose en un trotamundos que ha recorrido el México profundo, recogiendo músicas: Eduardo Llerenas, para quien “el gusto y el placer” han sido la brújula de ese caminar.

El segundo día del Festival “Cuexcomate” comenzó con la presentación del libro Los doce pares de Francia: música y danza tradicional, un extraordinario trabajo de Georgina Flores Mercado, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, que contiene dos discos que registran los elementos presentes en la festividad del Santo Cristo Aparecido, patrón de Totolapan, Morelos. Georgina Flores valora así su trabajo: “Somos un catalizador que permite que la gente pueda revalorar sus tradiciones”.

“¿Cuándo empezó y cuando acabará la tradición? Nos vamos a acabar antes nosotros”, dice César Juárez-Joyner, jaranero y director artístico de Nostalgia Huasteca. La tradición es un ave que surca los cielos de todas las eras, buscando siempre un nido cálido para reinventarse. Y eso fue precisamente lo que ofreció Nostalgia Huasteca en el escenario, alimento para el espíritu.

La música de Los Padrinos es una mezcla del paisaje que los rodea en el presente, el sur caribeño de México en Tulum, con la raíz de cada uno de sus integrantes, que va del folclor latinoamericano a la tradición balcánica, de la música tradicional mexicana a los ritmos africanos, una exacta conjunción de espíritus. ¿Qué tiene que ver la cítara con la tradición musical mexicana?

¿Qué tiene que ver la música hindú con lo mexicano? ¿Qué es lo mexicano? Estas son, más bien, preguntas retóricas ante una realidad que se impone con sus certezas. Por ejemplo, la certeza de que el arte, y particularmente la música, han sido siempre la suma de fusiones y culturas que se entretejen para estimular ese gesto milenario que consiste en vivir creando nuevas tradiciones. La música de Bolé y Los padrinos fueron evidencia de esta certeza.

El son jarocho en su manifestación cósmica. El olor de la tierra mojada por una llovizna venida desde muy lejos, desde otros continentes, porque así es como la música va refrescando su memoria: Sonex.

Cerrar el segundo día del Festival Cultural de Música Tradicional “Cuexcomate” con Los Cojolites fue, más bien, una manera precisa de abrir puertas. Su presencia, signada por una definición de su ser, “Somos el Sur”, fue la reunión de 20 años de trabajo en el mundo exterior de los conciertos y la giras por distintas partes de México y el mundo, con ese trabajo íntimo en sus talleres de Cosoleacaque y Jaltipan, Veracruz, donde la semilla del son tiene su Cuexcomate. El son jarocho campirano, festivo y decidor de Pata de vaca; la frescura de los nuevos tiempos con Flor de uvero; y Jarocho barrio, con esa calidez de la música que se macera con el tiempo y la imaginación que contiene la tradición de la ruptura. La música que se define a si misma en su encuentro con los otros, para multiplicar así esa razón de ser, donde el Sur de Los Cojolites fue también el Norte, el Este y el Oeste.

La proyección del documental "Corridos, sones y pasiones", de Carlos González (producción del Instituto Morelense de Radio y Televisión); y "La música y los mixes" de Óscar Ménendez, fueron parte de este segudo día dde “Cuexcomate”.

Tercera jornada
“No quiero que la historia me pase de largo”, dice Mardonio Carballo, y precisamente por eso fue que eligió cerrar su concierto con un poema que nos recuerda ese presente que duele, acompañado por las sonoridades llenas de premoniciones, creadas por Juan Pablo Villa: “¿Cuánto pesan los muertos? ¿Cuáles son los códigos que tiene que romper el ser humano para matar a otro que es su par? Hay un ritual que es premonición, poema y augurio que hacen las personas antes de morir. Este ritual, esta concepción de mundo, de vida y muerte, la creen y al creerla la practican los nahuas de la huasteca de Veracruz, y consiste en un barrunto: a la persona le entran deseos irrefrenables de recorrer lugares, amores, caminos por los que ha andado gran parte de su vida. Sin darse cuenta están recogiendo sus pies. Estamos asistiendo a un México de sombras, de duelo, de fantasmas que nos están recorriendo.” El mensaje de Mardonio y Juan Pablo es un llamado a la conciencia individual, y en su doliente emotividad refleja lo que ha sido el primer Festival Cultural de Música Tradicional “Cuexcomate”, organizado por el Patronato de la UAEM: un encuentro donde el gozo y el placer al que convoca la música no puede ser ajeno a la tragedia que estamos viviendo. La música no debe callar, aunque la tristeza sea infinita, porque precisamente esa tristeza infinita sólo puede ser disuelta con la cultura, en un verdadero acto de resistencia. Esto es lo que ha sido este “Cuexcomate”, un guardián de esas semillas. La palabra y el canto en lengua náhuatl de Mardonio Carballo, la voz profunda y la tecnología sonora de Juan Pablo Villa, ofrendaron uno de los momentos más intensos de este festival.

La tercera jornada del Festival inició con la música de Jesús Peredo e Isaías Alanís y sus guitarras, donde la tradición de los corridos surianos de antaño y el canto no menos suriano del presente, se entrelazaron para crear un imaginario de memoria viva y que esta versada de Jesús Peredo simboliza, desde su íntima revelación: “Niña hermosa, inteligente, piel de luz y ojos de lluvia, que mi corazón arrulla mientras deleitas mi mente”

El baile ha sido un ingrediente fundamental de este Festival “Cuexcomate”. El baile desde el escenario que logró convocar a una audiencia que nunca fue indiferente y se unió a esta celebración. La participación de Ceiba Negra fue uno de esos momentos en que la tradición caribeña alimentó el espíritu del movimiento.

La aparición de la Kamikaze Beat Band fue un momento explosivo y muy significativo. Este grupo de jóvenes morelenses, originarios de Tejalpa, llegaron al escenario con esa sencillez que sólo hace posible la conciencia de que la música está en la sangre. En este caso una sangre que se resiste a la provocación de la música como un mercado convenenciero. Kamikaze Big Band es un certero mensaje para quienes saben que la tradición es un viaje profundo que alcanza al presente.

El cajón y el bajo, la marimba y el pandero, el acordeón y el güiro, el violín y el guitarrón. El son jarocho, la cumbia, el derbake. Instrumentos y sonoridades que se explayan planetariamente para crear desde México un encuentro de tradiciones y que en este “Cuexcomate” desbordaron los espíritus y los hicieron bailar con el milenario ritmo del gozo, a través de Los Padrinos.

Desde Oaxaca llegó una de las agrupaciones que ha reflejado intensamente una tradición musical milenaria, Pasatono Orquesta. Su vocación migrante es una condición que alimenta su ser y le ha dado a su arte un ímpetu que rompe fronteras. Uno de los discos más recientes de Pasatono Orquesta, Maroma, expresan plenamente lo que su música ofrece y propone, como lo dice uno de sus integrantes, Edgar Serralde: “Ese otro mundo, esa otra parte de la vida que es el caos que se puede establecer en la fiesta, y la maroma como fiesta, donde el pasado se hace presente, el presente puede ser pasado y todo converge para que de alguna forma equilibrar esta vida y de pronto la esquizofrenia no nos aborde”. El mundo nos quiere orillar a esa esquizofrenia y la música, no hay que dejar de repetirlo, es una pócima posible para la sanación.

La jornada final del Festival “Cuexcomate” concluyó con la Banda de Tlayacapan, dirigida por Cornelio Santamaría. No es casual que el viaje de este evento llegará a a buen puerto con este grupo de músicos formidables. La música de viento es una metáfora de la vida y su destino azaroso, su viaje incesante por culturas de todos los continentes y en todos los tiempos. Ese viento que, a través de este Cuexcomate, propone otra manera de asirse a la vida.

Revive el Festival Cuexcomate en esta galería de imágenes

Festival Cuexcomate

Fotografías cortesía de: Raúl Ballesteros, Verónica Elton y Marcela Lima

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